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Un equipo de hermanos

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Los integrantes del Euzkadi

Pedro Regueiro Pagola

Nació en Irún, Guipúzcoa el 19 de diciembre de 1909. Jugó en la posición de medio y desde 1925 fue fichado por el Real Unión de Irún, donde permaneció hasta 1929 jugando el partido del 28 de abril de 1929 (Real U.C. Irún 4-3 RCD Espanyol). Tras una temporada en el Betis (1929-1930), regresó al Real
Irún las temporadas 1930-1931 y 1931-1932, en que fue captado por el Real Madrid C.F. donde jugaba su hermano Luis, permaneciendo como él hasta 1936 y posteriormente también juntos conforman la plantilla del Euzkadi. Fue tres veces jugador internacional: el 8 de enero de 1928 (Portugal 2-2 España), el 19 de enero de 1936 (España 4-5 Austria), y el 23 de febrero de 1936 (España 1-2 Alemania), este último celebrado en Barcelona. Tras la desintegración del Euzkadi permaneció en México. Ingresando al Asturias (1941), España y posteriormente al América. Fue socio del Centro Vasco de México y casó en 1943 con Peri Romero, teniendo por hijos a: Pedro, Mari Carmen, María Eugenia y José Regueiro Romero. Falleció en México en 1985.
Biografía realizada por AMAYA GARRITZ Y JAVIER SANCHIZ, del Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Nacional Autónoma de México.

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Los integrantes del Euzkadi

Gregorio Blasco Sánchez

Arquero. Nació en Mundaca, Vizcaya el 10 de junio de 1909. Fue de los pocos porteros en jugar con guantes. Inició su actividad futbolística en el Chávarri y posteriormente en el Arenas de Guecho, compaginando dicha actividad con la de chofer. Su primer fichaje profesional fue en 1926 en el Acero de Olarriaga y en 1928 pasó al Athlétic Club de Bilbao debutando en la primera división de la liga española con el partido del 10 de febrero de 1929 (Real Sociedad 1-1 Athlétic Club Bilbao). Se convirtió en el primer portero del Athlétic en conseguir un Trofeo Zamora (temporada 29-30), segundo jugador en ganar este trofeo, el cual consiguió dos veces más en las temporadas 1933-34 y 1935-36. Con el Athlétic ganó cuatro Ligas españolas (1929-30, 1930-31, 1933-34 y 1935-36) y cuatro Copas del Rey (Athlétic 1930, 1931, 1932 y 1933), siendo especial el campeonato de liga de la temporada 29-30, ya que fue el primer título de liga de la historia de su club. Al llegar la guerra había participado con su equipo en 113 contiendas y había sido cinco veces internacional con la Selección nacional de fútbol de España: en Oporto el 30 de noviembre de 1930 (Portugal 1-0 España), el 13 de diciembre de 1931 (España 0-5 República de Irlanda), el 24 de abril de 1932 (Yugoslavia 2-1 España), el 24 de abril de 1936 (España 1-0 Checoslovaquia), y en Berna el 3 de mayo de 1936 (Suiza 0-2 España). Tras su participación en el Euzkadi fue contratado por el Club España (1939-1940) y en 1940 se traslada a Argentina donde juega la temporada de 1940-1941 en el River Plate. En 1941 regresa a México volviendo a integrarse al España de México en donde permanece hasta 1946 y de 1946 a 1947 en el Atlante de México. Falleció en México el 31 de enero de 1983. Casó en México en 1943 con María Victoria González y fueron padres de: Gregorio, José Mari y María Victoria Blasco González.

Biografía realizada por AMAYA GARRITZ Y JAVIER SANCHIZ,del Instituto de Investigaciones Históricas,
Universidad Nacional Autónoma de México.

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Serafín Aedo formaría junto a Pedro Areso y Pablito Barcos la magnífica defensa de la Euskal Selekzioa en la gira mundial del combinado vasco en la guerra civil y que se le denominó “la muralla vasca”.

Fuente: memoriasdelfutbolvasco.wordpress.com

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Aedo

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Historia

El Gran Isidro

Una costumbre fuertemente enraizada entre los vascos era la de reunirse bajo un árbol, generalmente un roble, para decidir sobre los intereses de la comunidad. Estamos en el Centro Vasco de México, en Polanco, ante una representación del árbol de Guernica, ese roble que significa la libertad y los derechos de este ancestral pueblo, y justamente bajo este marco recordaremos a uno de sus antepasados. Isidro Lángara se ganó un lugar muy especial en el recuerdo de aquellos que lo conocieron. Por eso hemos juntado en la mesa a tres personas que le conocieron bien. Que convivieron con él y que por sobre todas las cosas, le admiraron y le quisieron. José Luis Alegría, hijo del secretario técnico de la Selección Vasca que llegó a México en 1937, Gregorio Blasco, hijo del arquero del Euskadi, y Enrique Gutiérrez, integrante de las fuerzas juveniles del Real Club España.

Estamos viendo fotografías. Estamos sentados sobre fuertes sillas, tal vez de roble, que llevan el Lauburu (cruz vasca), grabado en el respaldo. Todos tienen la mirada puesta en el hombrón de las imágenes. José Luis Alegría suspira cuando recuerda que lo conoció en Paris, en 1937, el día en que su padre sacó a los futbolistas vascos de España. Enrique Gutiérrez se sincera cuando dice que en sus recuerdos de futbol siempre está “Lángara, Lángara, Lángara”. Gregorio Blasco se mete de lleno y afirma sin dudar: “Fue un goleador nato y quedó campeón goleador en donde se apareció”.

Un goleador natural, máximo romperredes en tres países distintos, punta de lanza de la selección vasca, además de haber sido el primer español en anotar gol en una copa del mundo, la de 1934. “Y se pensaba que él, por lo que pensaba, no pudiera jugar en la selección de España y sin embargo fue una estrella”, puntualiza Alegría. “Jugó 12 partidos con la selección y metió 17 goles, o sea, más de uno por partido”, complementa Blasco.

Los asturianos le decían el cañonero de Oviedo, en San Lorenzo de Almagro le llamaron el dinamitero y está considerado un héroe inmortal del Real Club España de México. Fue un portento de futbolista y una persona ejemplar.

Lángara nació un 15 de mayo de 1912, en Pasajes, un puerto bañado por el mar cantábrico, en la provincia de Guipúzcoa. “Era el vasco típico. Buena persona, como dicen los aldeanos: noble y sencillo”, recuerda Blasco mientras nos muestra en un mapa del País Vasco, el lugar exacto en donde nació el dinamitero.

Tuvo cara de niño hasta pasados los 18 años, edad a la que llegó al Real Oviedo para formar parte de la mítica delantera eléctrica. De 1934 a 1936 no hubo otro mejor goleador en España que este cañonero implacable que se llevó tres veces el Pichichi, antes de que llegaran los tiempos revueltos que lo traerían al continente americano con la selección vasca. “En el Oviedo era imprescindible”, puntualiza Don José Luis.

La guerra en España llegó a su fin y la selección vasca se disolvió, después de haber participado como el equipo Euskadi y salir subcampones de la liga mexicana. Por eso Lángara viajó hasta Argentina y llegó el 21 de mayo de 1939 para jugar con San Lorenzo de Almagro. Debutó marcándole cuatro goles a River Plate. Con los “Cuervos” anotó 110 goles en 121 partidos, en una temporada alcanzó el cetro de los goleadores y aún se le recuerda como el dinamitero.

“Se cuenta que cuando él llegó a la Argentina –relata de nuevo Alegría- y se desvistió en el vestidor para jugar, le vieron las piernas y le preguntaron si era futbolista o luchador. El día de su debut, me imagino que estaba muy nervioso y sólo le metió cuatro goles a River (Plate)”.

Volvió a México cuando nuestra liga se hizo profesional. El Real Club España formó un trabuco y el gran Isidro se convertiría en campeón de goleo durante dos temporadas, anotando 27 y 40 goles respectivamente. “Quedó campeón y con muchos goles. Era una persona que metía muchísimos goles”, recuerda Blasco.

“Había 22 jugadores y él, destacaba”, en la última sílaba del des-ta-ca-ba, se le va el aliento a Don Enrique, por evocar a su héroe.

Hizo de México su hogar, aquí vivió su vida. Nunca se casó. Trabajó en una fábrica de hule. Junto a Luis Regueiro manejaron el bar del viejo hotel Majestic. También laboró en una empresa constructora y en Puebla se involucró con el club de futbol de la ciudad y con esa oncena ganó una Copa México, en su edición de 1953.

“Isidro era muy noblote, muy buena persona, encantador. Era una fiera en el campo. Pero fuera, no”, no cabe duda que al señor Alegría le emociona hablar del futbolista, pero le place más recordar a la persona.
Y por estos lugares fue corriendo el tiempo hasta que su reloj personal le indicó el tiempo de volver a su país. Murió el 21 de agosto de 1992 a los 80 años pero le dejó una herencia enorme a la historia del futbol. Su don de gente, su entrega y fortaleza, y sus cantidades descomunales de goles.

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